Hace muchos años que conozco a JESUS y desde entonces es mi Amigo inseparable. He vivido experiencias hermosas en la vida pero ninguna se compara a ese encuentro personal que tuve con mi amado Salvador, la experiencia de la salvación, la cual todos debemos de tener si queremos ver a Dios cuando partamos de este mundo y pasar junto a El la eternidad.
Nadie me convenció para que dejara de creer en los ídolos y en la religión tradicional en la cual había crecido. Había en mi corazón un vacío inmenso lo cual nada ni nadie podía llenar. Comencé, junto a mi esposo y nuestros hijos, a asistir con más frecuencia a la Iglesia tradicional que solíamos visitar. En mi corazón sentía que ese vacío tenía que ver con lo espiritual pero, todo lo que intenté fue en vano; cada día se hacía mayor y ahora entiendo por qué; ninguna religión puede saciar el hambre de Dios. Solo Cristo sacia, solo Cristo llena, solo Cristo satisface el espíritu del ser humano puesto que fuimos creados a imagen y semejanza suya para que vivamos en comunión con El. El mundo ofrece tantas cosas para tratar de impresionar a la humanidad, pero todo es pasajero, nada es permanente.


